Reconociendo la presencia de aquél que me acontece

Curso 2013 – 2014

Mis queridos jóvenes universitarios:

Con la certeza de que es Su fidelidad y Su misericordia la que sostiene nuestra espera, nuestra verdadera necesidad, nuestra vida entera, comenzamos un nuevo curso en la Universidad de Granada. Cómo no abrir entonces nuestro corazón a esta certeza, de que a pesar de ser pecadores, somos inmensamente amados por Dios. Él no se cansa nunca de salir a nuestro encuentro, recorre siempre en primer lugar el camino que nos separa de Él.

El lema para el nuevo curso es una provocación que nos recuerda –«re-cordis», nos hace pasar de nuevo por el corazón– quiénes somos, cuál es nuestra verdadera identidad, el rostro verdadero de nosotros mismos. Así os propongo vivir cada día, cada momento, cada instante «Reconociendo la Presencia de Aquél que me acontece».

Lucas en su Evangelio narra un episodio que ilumina perfectamente esta propuesta: el camino de Emaús. A aquellos dos, que caminaban en la desesperanza y el pesimismo, les sucede un imprevisto con el que no contaban: Su Presencia viva. Los discípulos sólo pudieron liberarse del escándalo de la cruz por la presencia del Resucitado y así volver a la comunidad invadidos por la alegría de este nuevo e inesperado encuentro; por el reconocimiento que hace que su corazón arda.

Vivir durante todo este curso en el reconocimiento de esta Presencia nos permitirá ver que detrás de todo: de nuestras relaciones, los momentos de encuentro, los gestos que se proponen, las iniciativas en la caridad, la responsabilidad en el estudio… está este abrazo Suyo que es lo que nos hace vivir la vida de una manera grande, una vida con sabor de eternidad. Así caminaremos en esta compañía con el empeño por reconocerLe para vivir una vida en la alegría completa, la alegría verdadera.

Nosotros sabemos lo que significa una libertad que se distrae de Él, que se aleja de Él. Lo sabemos porque podemos comparar lo que es una vida con Él, de una vida sin Él. Observáis en vuestro entorno, en vuestros compañeros y amigos, y en ocasiones entre nosotros mismos, el vacío, el malestar, la falta de esperanza y de luminosidad que la vida experimenta, el aburrimiento que nos hace andar por la vida “sobreviviendo”, “haciendo cosas” incluso buenas, pero en el fondo sin encontrarnos a nosotros mismos; sin ser testigos de la belleza y la fuerza de la fe.

Nuestra esperanza es un imprevisto, como el que les ocurrió a Cleofás y su compañero. Sabemos que Él actúa. Basta que le dejemos un resquicio para que entre en nuestra vida. Y es entonces cuando podremos hacer experiencia de que todo lo que vivimos, todo lo que hacemos, todo lo que proponemos está traspasado consciente o inconscientemente de la búsqueda de nuestra verdadera identidad. Aquí radica el verdadero reconocimiento de esta Presencia que se presenta, que surge, que irrumpe en nuestra vida, que nos acontece con un único empeño: nuestra felicidad plena.

Que nuestro grito, nuestro deseo sea el de permanecer en esta Presencia: «Quédate con nosotros Señor porque atardece y el día va de caída».

Queridos jóvenes, hemos sido elegidos y llamados a convertirnos en testigos de la belleza de Cristo ante el mundo, que es el que da sentido y llena lo que esperamos de la vida. Pidamos la sencillez del corazón para dejarse plasmar por Cristo, de manera que toda la vida cotidiana resplandezca de novedad, desde vuestra presencia en las aulas de la Universidad, hasta la familia, las relacionas y las iniciativas. Lo único que podrá suscitar en otros el deseo de reconocer al Señor y permanecer con nosotros es que vean realizada en nuestra vida la promesa de Cristo; que quien le siga recibirá el ciento por uno aquí en la tierra.

Unidos en Cristo Resucitado,

José Antonio Villena García
Delegado Episcopal de la Pastoral Universitaria