Confiando en el encuentro que sostiene la vida entera

Curso 2012 – 2013

Queridos jóvenes universitarios:

Durante el pasado curso os proponía vivir “Contemplando la realidad con otra mirada”. El recorrido de la mirada culmina en la fe, en el reconocimiento de Cristo, el Señor. La trayectoria de la razón acaba en la adoración. Acaba en el Tú. No necesitamos que nadie nos convenza. Podemos llegar a esta certeza por nosotros mismos. Quien soy yo me lo dice la mirada de Cristo.

Una vez que hemos verificado y hemos hecho experiencia de contemplar con esta mirada todo lo que nos rodea y nos define, os propongo este nuevo curso vivir en nuestro día a día en la Universidad “Confiando en el Encuentro que sostiene la vida entera”.

“Cristo se presenta como respuesta a lo que soy yo y sólo tomar conciencia atenta y también tierna y apasionada de mi mismo puede abrirme de par en par y disponerme para reconocer, admirar, agradecer y vivir a Cristo. Sin esta conciencia incluso Jesucristo se convierte en un mero nombre”.

No queremos que sea así entre nosotros. Por eso necesitamos hacer cada día experiencia del acontecimiento que supone este encuentro. “Cristo es un hecho que me está sucediendo”. El Papa Benedicto nos dice en su Carta Encíclica Porta fidei para el Año de la Fe: “La fe, en efecto, crece cuando se vive como experiencia de un amor que se recibe y se comunica como experiencia de gracia y gozo”. El amor que hemos recibido, el sabernos inmensamente amados, elegidos, preferidos, nos dispone para la misión y para anunciar desde la alegría de la fe, que nuestra vida tiene un valor y un sentido. El lema propuesto por Su Santidad para la JMJ de Rio de Janeiro el próximo verano de 2013 es el camino oportuno y decisivo: “Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos”. Somos invitados y convocados a dar un testimonio fiel de este encuentro para que otros muchos tengan la oportunidad de abrir el corazón a esta certeza.

Nuestra tarea es una cuestión de abandono. Abandonarnos en la confianza de sabernos sostenidos por este encuentro. La iniciativa es siempre suya, no depende de nosotros. Nuestra vida tiene un valor porque hemos sido amados sin condición y sin pretensión alguna. “Conforme pasa la vida, cada vez estamos más ciertos de algunas pocas cosas. El encuentro con Cristo en la vida no nos quita la humanidad, por el contrario la salva; y así permanecemos humanos entre las humanas miserias”. Decía San Agustín que “la conversión es un camino, un camino que dura toda la vida”. Se trata siempre de un nuevo inicio. A nosotros se nos pide la sencillez del corazón para acoger este don del Espíritu para disponernos al reconocimiento del Señor en nuestra vida. Basta esta sencillez para empezar a hacer un camino.

Solo me queda agradeceros la alegría de vuestra fe, signo inequívoco de una Presencia del Misterio presente en vuestra vida.

José Antonio Villena García
Delegado Episcopal de la Pastoral Universitaria