Contemplando la realidad con otra mirada

Curso 2011 – 2012

Queridos jóvenes:

Creo que aun recordaréis las palabras del Cardenal Oscar Maradiaga en una de las catequesis de la JMJ de Madrid. Él nos decía: “No tenéis que inventar nada, no tenéis que adornar nada. Sólo tenéis que dar testimonio y decir a los demás lo que habéis visto y lo que habéis oído”.

Compartir con los demás aquello que hemos visto y que hemos oído. Dar testimonio de algo que es real, que ha sucedido, que ha tenido lugar en la historia y que nos permite constatar la presencia del hecho en sí. A esto hemos sido enviados: a hacer partícipes a los demás de la alegría que ha producido en nosotros el encuentro con Cristo en su Iglesia. “No se puede encontrar a Cristo y no darlo a los demás”.

A la luz de estas y de otras reflexiones personales os invito, al inicio de este nuevo curso académico en la Universidad de Granada, a vivir “Contemplando la realidad con otra mirada”. Es necesario el acercamiento y la compresión de la realidad total en la que vivimos para poder contemplarla y percibirla con unos ojos nuevos.

Os he dicho en varias ocasiones que sólo aquellos que asumen su realidad en primera persona pueden acompañar a otros; pueden ser una compañía verdadera para ellos porque llegan hasta el corazón de la experiencia humana.

Tenemos entonces un trabajo apasionante en este curso: llegar al fondo de nuestra propia realidad; bucear en las profundidades de nuestra humanidad; es decir: asumir de un modo radical quién soy, qué busco, qué deseo. Es verdad que en el intento de poner en marcha este trabajo, cuando nos adentramos y nos sumergimos en nosotros mismos, descubrimos las propias incapacidades para alcanzar la plenitud de lo que deseamos. Cuando nos encontramos con nuestra propia fragilidad la única actitud posible es la del mendigo: pedir y rogar. No hay nada que sintamos más correspondiente cuando la vida nos urge.

Notamos como a veces la gente que nos acompañan y nosotros mismos podemos sumergirnos en la desilusión, la dejadez, la tristeza. Es entonces cuando ante el cansancio de vivir, comenzamos a entrever que el otro tiene algo que no sabemos todavía descifrar, pero en lo que vislumbramos una esperanza para nosotros.

“Cuando nos hacemos plenamente conscientes de nuestra debilidad, de nuestra impotencia frente a nuestros límites y fragilidades, entonces es más fácil descubrir que sólo Cristo puede responder a nuestro deseo de vida abrazándonos tal como somos. Ante Él no tenemos que esconder ninguna herida.”

Vivimos nuestra fe dentro de la historia y no podemos ignorar el contexto en que tenemos que vivirla, porque es dentro de esta realidad donde podemos ver qué novedad introduce, de modo que podamos dar siempre una respuesta llena de razones, de hechos y de signos. Contemplar y mirar con unos ojos nuevos la realidad que nos envuelve, nos da la posibilidad de hacer experiencia del hecho del acontecimiento cristiano que irrumpe en la historia en la persona de Cristo.

Experimentamos una llamada muy fuerte a vivir la verdadera urgencia de lo cotidiano, de este momento histórico: volver a desear, porque “ésta es la virtud civil necesaria para reactivar una sociedad demasiado apagada y aplanada”.

Nuestra fe es el instrumento para volver a desear. La única posibilidad es el reconocimiento del Misterio presente, es decir, reconocer aquello que nos ha sucedido como algo tan real que vuelva a despertarnos continuamente, pues nosotros somos incapaces de darnos la energía para volver a comenzar constantemente.

Vamos haciendo una historia en la que el hilo conductor es el deseo de felicidad y plenitud que nos define y la certeza de que es posible no renunciar a este deseo porque también a nosotros alguien nos ha dicho que nuestra vida tiene un valor.

En este “hacer historia” no podemos caminar solos. Recordad aquellas palabras del Papa Benedicto XVI en Madrid: “No se puede seguir a Jesús en solitario. Quien cede a la tentación de ir «por su cuenta» o de vivir la fe según la mentalidad individualista, que predomina en la sociedad, corre el riesgo de no encontrar nunca a Jesucristo, o de acabar siguiendo una imagen falsa de Él.”

No os perdáis la oportunidad de restaurar la mirada; de suscitar en vosotros el deseo de contemplación de la realidad que os permite hacer experiencia del encuentro personal con el Misterio presente y de recorrer un camino de conocimiento que os permita alcanzar una certeza que pueda verdaderamente construir la vida.

José Antonio Villena García
Delegado Episcopal de la Pastoral Universitaria